La incongruencia más frecuente en el ser humano no es el error. Es la "mentira".
Y no me refiero únicamente a mentirle a otros. Me refiero, principalmente, a la capacidad que tiene el individuo de mentirse a sí mismo.
Desde una perspectiva funcional, el ser humano debería operar en coherencia: lo que piensa, lo que dice y lo que hace deberían estar alineados. Sin embargo, en la práctica, ocurre lo contrario.
¿Por qué?
Porque la mente prioriza la estabilidad emocional por encima de la verdad. Y la mentira interna permite evitar el conflicto que genera reconocer errores, limitaciones o responsabilidades.
Esto crea una distorsión operativa.
La persona dice que quiere salud, pero mantiene hábitos que la deterioran.
Dice que quiere resultados, pero evita el proceso. Dice que quiere cambio, pero repite patrones.Eso no es falta de información, es incongruencia.
La mentira interna no solo distorsiona la percepción de la realidad, también limita la capacidad de acción. Porque no se puede corregir aquello que no se reconoce.
Por eso, la primera condición para cualquier proceso de mejora es eliminar la mentira interna.
Sin verdad, no hay dirección. Y sin dirección, no hay resultado.
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