¿El amor duele? Por José Olalde
Durante años hemos escuchado frases como:
"El amor duele."
"Amar es sufrir."
"Si no duele, no es amor."

Pero ¿qué tan cierta es esa idea?
Desde la perspectiva de las congruencias e incongruencias, vale la pena cuestionarla.
Porque muchas veces utilizamos una misma palabra para describir experiencias completamente diferentes.
Cuando alguien habla del dolor del amor, generalmente no está hablando del amor.
Está hablando del rechazo.
De la pérdida.
De la decepción.
De las expectativas incumplidas.
Del apego.
Del miedo.
Y aunque todas esas experiencias pueden estar relacionadas con una relación, no son lo mismo que el amor.
El amor busca el bienestar.
El apego busca posesión.
El amor acepta.
El apego exige.
El amor construye.
El miedo controla.
La incongruencia aparece cuando confundimos estos conceptos y terminamos llamando amor a dinámicas que generan sufrimiento constante.
Muchas personas permanecen en relaciones dañinas porque creen que sufrir es una prueba de amor.
O porque interpretan la dependencia emocional como una demostración de compromiso.
Sin embargo, cuando observamos las relaciones más saludables, encontramos algo interesante.
No son perfectas.
Pero tampoco están construidas sobre el sufrimiento permanente.
Están construidas sobre respeto, crecimiento, comunicación y libertad.
Por supuesto que amar implica vulnerabilidad.
Y toda vulnerabilidad implica la posibilidad de experimentar dolor.
Pero eso no significa que el amor sea dolor.
Significa que somos humanos.
La verdadera pregunta no es si el amor duele.
La verdadera pregunta es:
¿Estoy experimentando amor o estoy experimentando apego, miedo o dependencia?
Porque la respuesta puede cambiar completamente la manera en que entendemos nuestras relaciones.
La congruencia comienza cuando dejamos de romantizar el sufrimiento y empezamos a distinguir claramente entre aquello que nos ayuda a crecer y aquello que simplemente nos mantiene atrapados.





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