Entre la verdad y el autoengaño La mentira más difícil de descubrir es la que nos contamos nosotros mismos Por José Olalde
Todos pensamos que queremos conocer la verdad.
Pero no siempre es cierto.

Queremos la verdad mientras no destruya la historia que hemos construido sobre nosotros mismos.
Porque existe una diferencia enorme entre buscar la verdad y buscar confirmación.
La confirmación nos tranquiliza.
La verdad puede incomodarnos.
Y cuando una realidad amenaza nuestras creencias, nuestra identidad o nuestras decisiones, aparece una capacidad extraordinariamente humana: el autoengaño.
No necesitamos que otra persona nos mienta.
Podemos hacerlo perfectamente nosotros mismos.
"No tengo tiempo."
"Yo soy así."
"No puedo cambiar."
"El problema son los demás."
"Mañana comienzo."
"No fue mi responsabilidad."
Algunas de esas afirmaciones pueden ser ciertas.
El problema comienza cuando dejamos de examinarlas.
Porque una explicación repetida suficientes veces puede terminar convirtiéndose en una verdad para quien la repite.
Aquí encontramos una de las grandes incongruencias del ser humano.
Queremos resultados diferentes sin cuestionar las explicaciones que justifican nuestros resultados actuales.
El autoengaño tiene una ventaja: protege.
Protege nuestra autoestima.
Protege nuestras decisiones.
Protege nuestra identidad.
Y, sobre todo, evita la incomodidad de asumir responsabilidades.
Pero tiene un costo enorme.
Nos impide corregir.
Porque nadie puede modificar aquello que se niega a reconocer.
La congruencia exige algo difícil: observar la realidad incluso cuando contradice la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Preguntarnos:
¿Esto que creo es verdad?
¿O necesito que sea verdad?
¿Estoy explicando una situación?
¿O estoy justificándome?
¿Estoy defendiendo un principio?
¿O simplemente estoy defendiendo mi ego?
No siempre nos gustarán las respuestas.
Pero ahí comienza el crecimiento.
La verdad puede doler durante un momento.
El autoengaño puede acompañarnos durante toda la vida.
Y quizás una de las mayores expresiones de congruencia sea desarrollar la capacidad de mirarnos sin necesidad de mentirnos.





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