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¿Estás viviendo la vida que quieres o la vida que aprendiste a vivir? Por José Olalde

10 jul
2 min de lectura

La mayoría de las personas cree que toma sus propias decisiones.

Creen que eligieron su profesión, sus hábitos, sus metas, sus creencias e incluso la forma en que entienden la felicidad.



Pero ¿qué pasaría si gran parte de lo que llamas "tu vida" no fuera realmente una elección?

¿Qué pasaría si simplemente estuvieras ejecutando un programa que aprendiste desde niño?

Desde la perspectiva de las congruencias e incongruencias, una de las preguntas más importantes que podemos hacernos es esta:

¿Estoy viviendo lo que realmente quiero o estoy viviendo lo que aprendí que debía querer?

Porque no es lo mismo.

Desde que nacemos comenzamos a recibir información de nuestro entorno. Aprendemos observando a nuestros padres, familiares, maestros, amigos y a la sociedad en general.

Aprendemos qué significa tener éxito.

Aprendemos qué significa fracasar.

Aprendemos qué debemos estudiar, cómo debemos comportarnos, cuánto dinero es suficiente, qué es una buena relación y hasta qué edad debemos perseguir nuestros sueños.

El problema es que pocas veces cuestionamos esas ideas.

Simplemente las incorporamos.

Y con el tiempo dejamos de distinguir entre lo que realmente pensamos y lo que simplemente repetimos.

Aquí aparece una de las incongruencias más comunes del ser humano.

Decimos que queremos una vida diferente, pero seguimos obedeciendo las mismas reglas que aprendimos hace décadas.

Decimos que queremos cambiar, pero seguimos tomando decisiones desde las mismas creencias.

Decimos que buscamos libertad, pero vivimos dentro de límites que nunca elegimos conscientemente.

Muchas personas experimentan una sensación constante de insatisfacción sin entender por qué.

Tienen estabilidad.

Tienen logros.

Tienen reconocimiento.

Y aun así sienten un vacío difícil de explicar.

En muchos casos, ese vacío aparece porque existe una desconexión entre la vida que están viviendo y la vida que realmente desean vivir.

No porque estén haciendo algo incorrecto.

Sino porque están siendo fieles a expectativas ajenas e infieles a sí mismos.

La congruencia comienza cuando somos capaces de observar nuestras decisiones y preguntarnos honestamente:

¿Esto lo elegí yo?

¿O simplemente lo aprendí?

La respuesta puede resultar incómoda.

Porque descubrir que muchas de nuestras decisiones no nacieron de nuestra propia conciencia implica asumir una nueva responsabilidad.

La responsabilidad de elegir.

Y elegir siempre exige cuestionar.

Cuestionar creencias.

Cuestionar hábitos.

Cuestionar tradiciones.

Cuestionar incluso aquello que durante años consideramos una verdad absoluta.

No se trata de rechazar todo lo aprendido.

Se trata de revisar qué sigue teniendo sentido para nosotros y qué ya no.

La verdadera libertad no consiste en hacer lo que queremos.

Consiste en saber por qué queremos lo que queremos.

Cuando existe claridad, aparece la congruencia.

Y cuando existe congruencia, nuestras decisiones dejan de ser una repetición automática del pasado para convertirse en una expresión consciente de quiénes somos.

Tal vez la pregunta más importante no sea qué quieres hacer con tu vida.

Tal vez la pregunta más importante sea:

¿La vida que estás viviendo fue una elección consciente o una herencia que nunca te detuviste a examinar?

Porque ahí, precisamente ahí, comienza el camino de la congruencia.

 
 
 

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