¿Por qué el cerebro prefiere una mentira? Por José Olalde
Si le preguntaras a la mayoría de las personas si prefieren la verdad o la mentira, probablemente responderían que prefieren la verdad.
Sin embargo, cuando observamos el comportamiento humano, encontramos algo muy diferente.
Con frecuencia, las personas se aferran a versiones de la realidad que les resultan cómodas, incluso cuando existen evidencias que las contradicen.

¿Por qué ocurre esto?
Porque el cerebro no tiene como prioridad principal descubrir la verdad.
Su prioridad principal es protegernos.
Desde el punto de vista evolutivo, nuestro cerebro fue diseñado para sobrevivir, no necesariamente para ser objetivo.
Y muchas veces una verdad implica algo que la mente percibe como peligroso: reconocer un error, cambiar una creencia, asumir responsabilidad o salir de una zona conocida.
En esos momentos aparece una de las incongruencias más comunes del ser humano.
Preferimos una mentira que preserve nuestra comodidad antes que una verdad que nos obligue a transformarnos.
Por eso justificamos hábitos que nos perjudican.
Defendemos decisiones equivocadas.
Sostenemos relaciones que ya no funcionan.
Y repetimos historias sobre nosotros mismos que dejaron de ser ciertas hace mucho tiempo.
La mentira ofrece una ventaja inmediata: reduce la incomodidad emocional.
La verdad, en cambio, suele exigir acción.
Y actuar requiere energía, valentía y responsabilidad.
Por eso muchas personas dicen que quieren cambiar, pero rechazan cualquier información que cuestione la manera en que viven.
La incongruencia aparece cuando afirmamos buscar crecimiento mientras protegemos aquello que nos mantiene exactamente donde estamos.
La verdad tiene una característica particular.
No siempre es agradable.
Pero siempre tiene el potencial de liberarnos.
La mentira, por el contrario, suele ser cómoda al principio y limitante después.
La congruencia comienza cuando dejamos de preguntarnos qué queremos escuchar y comenzamos a preguntarnos qué necesitamos comprender.
Porque el crecimiento personal no ocurre cuando confirmamos nuestras creencias.
Ocurre cuando tenemos el valor de examinarlas.





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