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¿Por qué existe la muerte? La muerte como parte de la congruencia de la vida Por José Olalde

4 sept
2 min de lectura

Hablar de la muerte resulta incómodo porque el ser humano está programado para conservar la vida.

Queremos vivir, queremos permanecer, queremos que las personas que amamos permanezcan.

Por eso interpretamos la muerte como el fracaso de la vida.

Pero ¿y si fuera exactamente lo contrario?

¿Y si la muerte fuera una condición necesaria para que la vida exista?

Todo sistema biológico tiene un ciclo. Nace, se organiza, crece, se reproduce, se transforma y finalmente deja de funcionar como esa estructura individual.

Lo vemos en una célula, en una planta, en un animal y en nosotros mismos.

La naturaleza no parece tener un problema con esto.

Nosotros sí.

Porque tenemos conciencia de nuestra existencia y, por lo tanto, también podemos anticipar nuestra ausencia.

Y ahí comienza el conflicto.

Queremos aceptar las leyes de la naturaleza mientras esas leyes nos favorecen, pero nos resistimos cuando implican pérdida, envejecimiento o muerte.

Esa es una enorme incongruencia.

Aceptamos que todo cambia, pero queremos permanecer.

Sabemos que la vida es temporal, pero vivimos como si tuviéramos tiempo ilimitado.

Sabemos que vamos a morir, pero postergamos conversaciones, decisiones, sueños, reconciliaciones y experiencias como si existiera alguna garantía de mañana.

Quizás la pregunta no debería ser solamente por qué existe la muerte.

Quizás deberíamos preguntarnos qué función cumple saber que vamos a morir.

Porque nuestra mortalidad establece algo extraordinariamente importante: el valor del tiempo.

Si la vida fuera infinita, ¿qué urgencia tendría una decisión?

¿Por qué hacer hoy aquello que podríamos hacer dentro de mil años?

Es precisamente porque el tiempo es limitado que nuestras decisiones adquieren valor.

La muerte pone límites a la vida y los límites obligan a elegir.

¿A quién amas?

¿A qué dedicas tu tiempo?

¿Qué estás construyendo?

¿Qué estás dejando para después?

¿Qué parte de tu vida estás desperdiciando defendiendo cosas que, al final, probablemente no tendrán ninguna importancia?

La congruencia no consiste en vivir obsesionados con la muerte.

Consiste en aceptar su existencia para comprender el valor de estar vivos.

Tal vez la muerte no sea lo opuesto a la vida.

Tal vez sea parte del mismo proceso.

La gran incongruencia sería saber que nuestra existencia tiene un límite y comportarnos como si no lo tuviera.

Porque quizás la pregunta más importante no sea:

¿Por qué tenemos que morir?

Sino:

Ya que vas a morir, ¿estás realmente viviendo?

 
 
 

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