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Quiero cambiar pero sigo haciendo lo mismoLa incongruencia más común cuando hablamos de transformación. Por José Olalde

24 jul.
2 min de lectura

Hay una frase que escuchamos constantemente:

"Quiero cambiar."

Quiero mejorar mi salud.

Quiero tener más tiempo.

Quiero una mejor relación.

Quiero crecer profesionalmente.

Quiero sentirme mejor.

Quiero una vida diferente.

Sin embargo, cuando observamos las acciones de muchas de esas personas, encontramos algo curioso.

Sus hábitos siguen siendo los mismos.

Sus decisiones siguen siendo las mismas.

Sus prioridades siguen siendo las mismas.

Y, por supuesto, sus resultados también siguen siendo los mismos.

Desde la perspectiva de las congruencias e incongruencias, aquí encontramos una de las contradicciones más frecuentes del comportamiento humano.

La persona quiere un resultado diferente, pero mantiene la misma estructura que produjo el resultado actual.

Y eso simplemente no funciona.

Porque el cambio no ocurre cuando cambias lo que deseas.

El cambio ocurre cuando cambias lo que haces.

Muchas veces confundimos intención con transformación.

Creemos que porque hemos decidido cambiar, ya estamos cambiando.

Pero la realidad es otra.

La intención tiene valor.

La decisión tiene valor.

La motivación tiene valor.

Pero ninguna de ellas modifica la realidad por sí sola.

Lo que transforma la realidad son las acciones repetidas en el tiempo.

Aquí aparece la incongruencia.

Decimos que queremos salud, pero seguimos alimentándonos igual.

Decimos que queremos tranquilidad, pero seguimos alimentando las mismas preocupaciones.

Decimos que queremos prosperidad, pero seguimos tomando las mismas decisiones financieras.

Decimos que queremos una mejor relación, pero seguimos comunicándonos de la misma manera.

Queremos un nuevo destino recorriendo exactamente el mismo camino.

Y eso es imposible.

El cerebro humano tiene una enorme tendencia a conservar energía.

Por esa razón crea hábitos.

Los hábitos son programas automáticos que nos permiten funcionar sin pensar demasiado.

El problema es que esos mismos programas pueden convertirse en nuestras limitaciones.

Queremos una nueva vida utilizando los mismos programas mentales que construyeron la vida actual.

Queremos nuevos resultados sin modificar las causas que los producen.

Y ahí es donde aparece el conflicto.

La verdadera transformación comienza cuando entendemos que el cambio no es un evento.

Es una sustitución.

Un hábito sustituye a otro.

Una creencia sustituye a otra.

Una decisión sustituye a otra.

Una acción sustituye a otra.

No existe transformación sin reemplazo.

Por eso, cuando alguien me dice que quiere cambiar, mi siguiente pregunta suele ser muy simple:

¿Qué estás dispuesto a dejar de hacer?

Porque todos quieren incorporar algo nuevo.

Pocos están dispuestos a abandonar lo viejo.

Sin embargo, la congruencia aparece precisamente en ese punto.

Cuando nuestras acciones comienzan a respaldar nuestras palabras.

Cuando nuestros hábitos empiezan a reflejar nuestras metas.

Cuando dejamos de esperar resultados diferentes haciendo exactamente lo mismo.

La realidad es sencilla.

Tus resultados actuales son la consecuencia de tus acciones actuales.

Si quieres resultados distintos, necesitas acciones distintas.

No mañana.

No cuando tengas más tiempo.

No cuando aparezca la motivación perfecta.

Ahora.

Porque el cambio no comienza cuando lo deseas.

Comienza cuando haces algo diferente.

Y ese es el momento exacto en el que la incongruencia se convierte en congruencia.

 
 
 

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