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¿Qué es el dolor? Una señal, una experiencia y también una interpretación Por José Olalde

25 sept
2 min de lectura

¿Qué es el dolor?


Parece una pregunta sencilla hasta que intentamos responderla.

Porque existe dolor físico.

Pero también hablamos de dolor emocional.

Nos duele una lesión.

Nos duele una pérdida.

Nos duele una traición.

Nos duele sentirnos rechazados.

Nos duele recordar.

Incluso podemos sufrir por algo que todavía no ha ocurrido.

Entonces, ¿dónde está realmente el dolor?

En términos biológicos, el dolor físico es una experiencia generada por el sistema nervioso relacionada con daño real o potencial, aunque es mucho más complejo que una simple alarma que indica exactamente dónde y cuánto daño existe.

Pero cuando entramos en el terreno psicológico, aparece otra dimensión.

El cerebro puede transformar una experiencia, una memoria o una expectativa en sufrimiento.

Y ahí encontramos una diferencia importante entre dolor y sufrimiento.

El dolor puede aparecer sin que lo elijamos.

El sufrimiento, en muchos casos, se amplifica mediante nuestra interpretación, anticipación, resistencia o repetición mental de aquello que ocurrió.

Una persona puede experimentar un acontecimiento doloroso una vez y reproducirlo mentalmente durante años.

El acontecimiento terminó.

Pero dentro de su mente continúa ocurriendo.

Aquí aparece una incongruencia interesante.

Intentamos eliminar todo dolor de nuestra existencia cuando el dolor también cumple una función.

El dolor físico puede advertirnos que algo necesita atención.

El dolor emocional puede mostrarnos pérdida, conflicto, apego o una realidad que necesitamos procesar.

El problema no siempre es sentir dolor.

El problema puede ser no comprender qué hacemos con él.

Hay personas que lo niegan.

Otras se identifican con él.

Algunas lo utilizan para justificar toda su vida futura.

Y otras consiguen convertir una experiencia dolorosa en información para transformarse.

La congruencia no consiste en fingir que no duele.

Tampoco en romantizar el sufrimiento.

Consiste en reconocer la experiencia, comprenderla y decidir qué hacemos después.

Porque quizás no podamos elegir todas las experiencias dolorosas que tendremos durante nuestra vida.

Pero sí podemos trabajar sobre la relación que desarrollamos con ellas.

El dolor dice:

Algo está ocurriendo.

La conciencia pregunta:

¿Qué voy a hacer con esto?

Y posiblemente ahí esté una de las diferencias fundamentales entre simplemente sufrir una experiencia y utilizarla para crecer.

 
 
 

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