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Tu cuerpo es más sabio de lo que crees. El problema comienza cuando dejamos de escucharlo Por José Olalde

11 sept
2 min de lectura

Tu cuerpo hace millones de cosas todos los días sin pedirte permiso: Regula la temperatura, modifica el ritmo cardíaco, repara tejidos, activa mecanismos de defensa, gestiona energía.



Mantiene innumerables variables dentro de rangos compatibles con la vida.

Y mientras todo eso ocurre, tú probablemente estás pensando en otra cosa.

Esto debería hacernos reflexionar.

Existe una inteligencia biológica extraordinaria operando constantemente dentro de nosotros.

No estoy hablando de una inteligencia consciente.

Estoy hablando de organización.

El organismo posee mecanismos de regulación que han evolucionado para mantener el equilibrio y responder a los cambios del entorno.

El problema es que muchas veces vivimos como si pudiéramos ignorar indefinidamente esos mecanismos.

Dormimos poco y exigimos rendimiento.

Nos alimentamos mal y esperamos funcionar perfectamente.

Vivimos bajo estrés permanente y pretendemos sentirnos tranquilos.

Permanecemos inmóviles durante horas y esperamos conservar la capacidad física.

Y cuando el cuerpo finalmente genera una señal, nos molesta.

Ahí aparece la incongruencia.

Queremos que el cuerpo funcione correctamente mientras nosotros hacemos exactamente lo contrario de lo que necesita para funcionar correctamente.

El cansancio puede ser una señal.

El hambre es una señal.

La sed es una señal.

El dolor puede ser una señal.

El sueño es una señal.

Eso no significa que debamos interpretar cada síntoma por nuestra cuenta ni asumir que todo puede solucionarse simplemente "escuchando al cuerpo". Existen enfermedades y alteraciones que necesitan evaluación y tratamiento.

Pero hay una diferencia entre atender una enfermedad y vivir desconectados permanentemente de nuestra propia biología.

La congruencia comienza cuando entendemos que el cuerpo no es una máquina que poseemos.

Es el sistema biológico que hace posible nuestra existencia.

No podemos exigirle indefinidamente sin proporcionar las condiciones que necesita.

Tal vez deberíamos dejar de preguntarnos únicamente:

¿Qué le pasa a mi cuerpo?

Y comenzar a preguntarnos también:

¿Qué condiciones le estoy dando para funcionar?

Porque tu cuerpo probablemente lleva mucho tiempo comunicándose contigo.

La pregunta es si tú estás dispuesto a escucharlo.

 
 
 

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